sábado, 2 de mayo de 2015

De volar y volar hasta nunca caer

Querido Leo:

                En ocasiones la contaminación ambiental dificulta mi respiración y debo escalar alguna montaña en busca de aire limpio, no importa que a mayor altitud menos oxígeno, lo esencial para recuperarme es lo incorrupto de la atmósfera.

                En mi última subida conocí a un curioso personaje. A medio camino de la cima me pareció ver

en el cielo una estrella de mar, con sus brazos abiertos y un bonito color carne. Según avanzaba, ella se hacía más grande y alcanzada la cumbre me di cuenta de que aquello no era una estrella sino un hombre. Desnudo, dándome la espalda, con los brazos y piernas abiertos, me miraba suspendido en el aire con la cara de lado y un moflete aplastado. 

- Vaya subida, ¿eh? Le cuesta respirar, siéntese. Aunque le habrá merecido la pena con semejantes vistas. Disfrute. Disfrute.- me dijo desde lo alto.

- El paisaje desde aquí es espectacular, ¿por eso se ha subido ahí? ¿Cómo se sujeta sin caer?- le pregunté intrigada.

- Mire, un día me cansé de la vida terrenal siempre tropezando en piedras y, dando un puñetazo en la mesa de un merendero, grité: ¡voy a volar y volar para nunca caer! Se ve que lo deseé con fuerza pues una vez me desnudé, despegué ante la mirada entre atónita y envidiosa de los que me rodeaban, y volé, volé, volé. No caí, pero ayer me estrellé en este punto del cielo, supongo que darse el tortazo es inevitable tanto para el que anda como para el que vuela.

- ¿Quiere que le ayude a bajar? Debe de tener frío y hambre.

- Si fuera tan amable… Podríamos probar. Me duele el cuello de estar tanto tiempo en la misma posición.

                Busqué en la mochila algo con que despegar a aquel hombre del cielo. El brillo metálico de una rasqueta entre las barritas energéticas me iluminó los dientes descubiertos por la sonrisa. La saqué empuñándola triunfal. Sobre una roca y de puntillas conseguí llegar al hombre y poco a poco lo fui desprendiendo con la herramienta; permaneció durante toda la operación con los ojos cerrados temeroso de que le hiciera daño, eso no ocurrió, ya sabes, Leo, lo cuidadosa que soy.

                Terminado el trabajo yo me senté agotada y él hizo varios estiramientos. Desentumecido me dio las gracias, realizó varios tirabuzones en el aire y, diciendo adiós con la mano, marchó volando quién sabe a dónde. Imagino que seguirá por ahí sin caer… al menos para abajo.
             
                Besos esquimales

1 comentario:

  1. Poder es volar; en tu caso, escribir.

    ¡Gran misiva! Buscaré el volar de este hombre por los cielos.

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