miércoles, 23 de octubre de 2013

Del pez que vendió un peine a la rana

                Querido Leo:

                Atento a los mercaderes sin escrúpulos, los hay incluso más allá de nuestra especie.

                Junto al estanque, estaba sentada a la sombra de una higuera que tuvo a bien regalarme la merienda. Lo cierto es que no me gustan mucho los higos pero no me resisto a engullir su belleza, ¿viste qué preciosidad se esconde bajo la piel?

                En una piedra, a tres palmos de la orilla, una rana verde, pequeña y brillante croaba mientras sonreía a su reflejo en el agua. La imagen se quebró al sobresalir en ese punto la cabeza menuda de un pez naranja, regordete y bizco.

- Buenas tardes, linda ranita. Veo que tienes casi todo lo que cualquiera querría: hermosura, juventud, buen porte y un timbre de voz dulce cual pastel.

- Gracias. Pero dijiste “casi”, ¿qué me falta?

- Yo, con mi larga trayectoria profesional soy capaz de detectar cualquier necesidad y satisfacerla. Tú solo precisas de un peine para tenerlo todo.

                La rana se carcajeó con tanta fuerza que su papada rebotó varias veces contra la roca.



- Si no tengo un solo pelo, ¿para qué necesito un peine? Te falla la vista, la propia torcida y la profesional, pez naranja.

-Eso podría parecer, sin embargo los profetas anuncian largas cabelleras para las ranas.

- ¿Los profetas? No los conozco…

- Por supuesto que los conoces, pequeña. Caminan sobre dos patas y pregonan lo que sucederá en el futuro, aquellos que nos detenemos a escuchar somos afortunados pues contamos con ventaja en esta lucha constante que es la vida. En mi afán por ayudar a los demás transmito los mensajes proféticos a aquellos que irradian inteligencia y sabrán aprovecharlos. Como el cerdo Serafín, ya le dije: “A ti por cualquiera de los nombres que te dan -cerdo, puerco, marrano, chon, cochino, guarro- te auguran volar. ¡Cuándo los cerdos vuelen, cuándo los cerdos vuelen! Así lo anuncian, si eres listo estarás preparado. Ahora Serafín lleva en la espalda un paracaídas último modelo que le vendí con mucho gusto.

- ¿Y qué dicen de mí esos profetas?

- ¡Cuándo las ranas críen pelo, cuándo las ranas críen pelo! Ese es el vaticinio. Sé que además de bella eres una rana lista, por ello te haré un descuento en este fino peine de plata.

- ¡Me lo quedo, me lo quedo! Qué emoción, ¿no sabrás acaso si seré rubia, morena o pelirroja? ¿Pelo liso o rizado?

- Tanto no llegan a anunciar los bípedos iluminados, pero sea como sea, tu melena realzará esa cara tan linda siempre que esté bien peinada.

                Estupefacta contemplé el cierre de la venta: pago y entrega. El pez se sumergió en las aguas del estanque y en la superficie reapareció la imagen de la ranita croando, sonriendo y en esta ocasión atusándose una cabellera imaginaria con un peine de plata.

                Cuidado Leo con lo que te hacen ver que necesitas, con los profetas, con los mercaderes… y con los peces bizcos.

                Besos esquimales
                                    

4 comentarios:

  1. No solo es precioso el cuento. Tambien educativo. Siempre es un placer leerte y la ilustración muy buena.

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    1. Muchas gracias Hayku! Que sea un placer leer hace que sea un placer escribir.
      Besos

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  2. Coincido con el comentario anterior. Un cuento maravilloso con un mensaje aleccionador: Cada día nos manipulan más para crearnos nuevas necesidades. Enhorabuena y saludos

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